Un tira y afloja, eso es lo que empezó siendo todo esto. Ahora solo es un simple tira, a ver quien de los dos puede más.
Una vez me dijeron que hay que tragarse el orgullo siempre y cuando la causa lo merezca, y ahora mismo empiezo a plantearme la importancia de la causa.
Parece que cuando empieza siendo un juego para mí, termina siendo un juego para el otro. Que cuando yo aflojo él tira más aún, hasta tenerme en el suelo y verme rendida a sus pies. ¿Desde cuando son así las cosas? JAMÁS, estaré a los pies de nadie, cual felpudo.
Porque habré aprendido pocas cosas en este año, pero una de las que he aprendido es que JAMÁS hay que arrastrarse por nada, la causa no suele merecerlo.
Esta vez quise que fuera distinto, que no hubiera tanto orgullo, ni tanta mala contestación, empecé a ceder, a dejarme llevar, a disfrutar del momento, y parece que ahí empecé a olvidar que todo era un juego, un pasatiempo para sobrevivir en Madrid. No es que sea una necesidad existencial, pero es algo que se ha hecho un hueco en mi día a día.
Sin tonterías ni malas contestaciones, con dos detalles que cualquiera tendría se ha ido ganando hueco en mi cabeza,y estaba llegando a ese importante órgano vital, que no pienso mencionar. Pero tranquilidad no ha tocado hondo, simplemente lo ha estado acariciando hasta hoy.
Con la coraza puesta, con el orgullo y el ego subido hasta el cielo, y la humildad y las buenas formas olvidadas en el cajón volvemos al ruedo, con los humos subidos y muchas ganas de guerra.
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